Saturday, August 18, 2007

Un toro llamado poesía

El olor a papel blanco me calienta.
Y salgo al ruedo como un macho cabrío,
con el falo como una daga lacerante
con aliento a mares en invierno.
Y salgo al ruedo rosado y desnudo
y salgo al ruedo como un aro de oro:
con el paño rojo entre las manos
con la sangre roja entre las venas
con la tinta negra entre los labios
con la cara.

El toro encabrita su mirada,
el paño late diez veces en su pecho
diez veces en su ano
diez veces en su cara
diez veces en sus dedos
diez veces en sus cuernos
diez veces en sus patas.
Y muge y remuge tratando de escaparse al lápiz perpetuo,
a la juventud casi perpetua de mis carnes.

Y salgo de nuevo a su encuentro.
Amenazándolo con mi única daga
buscando en él su mirada esquiva,
Fragmentaria.
El toro pelea, escupe, muge.
Eructa haces de fuego, eructa haces de nata.
Y sus patas son cuatro flagelos cavernarios, y el sol no es mi compañero,
y el arco de los días me mata.
La pelea es frente a frente. Pecho a pecho. Nada a nada.
Él y yo lo tomamos a mal.
Yo lo busco,
él me encara.
La vida es una pelea:
Él y yo, No. Nata.

Cuando este vivo voy a ser gusanos, piedras, árboles y animales

Levanto la cama de mí.

Lavo el cepillo de dientes con mi boca y unto de sudor el desodorante.

Las zapatillas están quietas mientras el suelo avanza.

El aire respira exhalando e inhalando mi nariz mientras mis venas fluyen por la sangre estática.

La sangre se aglomera y bombea al corazón y a las arterias.

La luz me mira y la encandilo.

El agua de los baños se lava de mi cara todos los días, mientras decido qué día del año es.

Nos besamos por afuera:

no con la cara ni con el cuerpo

nos besamos con el aire,

y con lo que hay entremedio del aire.

Los espacios entre el oxígeno nos unen con nada.

Gritamos en silencio.

Sollozamos hacia las entrañas.

Cuando digo amor las palabras hablan un pedazo de cuerpo, de carne, de ojos, de labios moviendo la boca.

Las palabras escriben con mis manos, mueven mi lápiz para decir lo que quieren decir,
me leen.

Las palabras escriben con mis labios.

En el interior de mi cuerpo hay calles, avenidas infinitas llenas de gente, niños jugando con un rompecabezas, quiltros
inconmensurables, polillas llenas de esquirlas, bancos cafés en una plaza donde se acaban de sentar dos novios que quebraron y que no se van a volver a ver hasta que mueran, autos rojos, motos, naves espaciales, televisores con teleseries en chino y en alemán, árboles y ondas de radio.

El cielo respira treinta veces por segundo el aire de los pulmones.

Los árboles se caen de las hojas cuando las gotas llueven nubes.

Lloro mejillas, grito gargantas y el sudor me suda.

Mis ojos miran directamente al cerebro.

Estoy dormido,

estoy muerto y caminando,

voy a nacer cuando se me termine el pulso,

voy a nacer cuando cierre los ojos y deje de respirar.

El silencio de la muerte es el sonido de las calles.

La ceguera de la muerte las luces de las lámparas fluorescentes.

La pérdida de tacto somos nosotros haciendo el amor.

El blanco que inunda la mente, el no existir;

es ahora.

Siendo yo un grano de arena en esta playa inmensa

Siendo yo un grano de arena en esta playa inmensa.

Siendo yo todo cuanto no puedo ser que me amolda.

Siendo yo el receptáculo de ti y de mí,

te veo.

En este día primero en donde todo empieza.

En donde caigo en la tentación de luchar y ser luchado,

de ser gaviota y viento.

No sé si me oyes tú o pequeña paloma que te confundes con el piso.

No sé si me escuchas tú rayo vertical en el cielo raso.

No sé si me escucho yo realmente.

A veces no sé porqué hay que seguir cantando.

Dios

Si dios fuera un color, ¿Qué color sería?

blanco.

si blanco fuera un olor, ¿Qué olor?

dulce.

si dulce fuera una textura, ¿Qué textura?

suave

¿Si suave fuera una idea?

piel

¿Si piel fuera una animal?

león

¿Si león fuera una luz?

fulminante

¿Si fulminante fuera una mujer?

maría

¿Si maría fuera un hombre?

Aitor.

Si Aitor fuera un ciego

si el ciego fuera un mago

si el mago fuera la luna

si la luna fuera el cristal

si el cristal fuera el fuego

si el fuego fueran los labios

si los labios fueran mariposas

si las mariposas fueran tú.

Yo no estaría escribiendo

yo no estaría pensando

las mariposas saldrían por mis venas

y de mis poros saldrían poros que a su vez parirían nuevos poros

y el sudor se confundiría con la luna.

Y tú, El final, serías el comienzo.