Me despido de Chile, de sus casas y de sus mesas, de la señora Yolanda que me servía chicha cocida todos los miércoles a las 12 de la tarde.
Me despido de sus plazas llenas de cardenales rojos, blancos y rosados que florecen porque si, aunque no los riegues.
Me despido de los maurones de parra que se me quedaron en agua
Quizás se me pudran como se me pudra el corazón cuando me vaya a Seattle por mucha humedad
Y ya no pueda plantarlo más
¿Qué pasa si no puedo plantar más mi corazón?
Me despido del calor de Rancagua en los labios
De andar a pata pelada en las baldosas frías
Me despido de la Sandia y del Melón calameño
De la posibilidad de ir a Lautaro a tomarme un vino con el espíritu de Jorge Tellier porque puedo
Porque vivo en Chile
Me despido del olor a tierra mojada de las lluvias de verano
Me despido de decirle chao a las personas que quiero y saber que las voy a volver a ver mañana
Porque vivo en Chile
Me despido de mis palmas chilenas en la plaza de los héroes de Rancagua, de abrazarlas y hablarles en silencio mis secretos más preciados mis deseos más ocultos
Me despido de ser un inquilino hijo de inquilino nieto de inquilino eterno arrendatario de casas que no son mías.
Me despido de mi plaza Tocornal entre Brown sur y los Talaveras
Ustedes no lo saben pero esa plaza es mía, y siempre ha sido mía en mis caminatas eternas con mis perros muertos
Me despido de los altos de Cantillana, de los formidables robles que crecen en sus cumbres y que trato de pillar todos los días cuando manejo en Rancagua hacia el norte
Me despido de la tierra cafe con piedras de río, cerca del Cachapoal o del río Claro, que mi abuelo usaba para la pirca
Me despido de mí río Mapocho que tantas noches estuve a punto de cruzarlo descalzo, desnudo y borracho, que cuantas veces casi caigo en sus fauces acuchillado o moretiado que tantas lágrimas de mí se alimentó que cuantos gritos mios escucho sin quedarse sordo.
Me despido de mí río Mapocho enemigo sangre de mi sangre
Me despido de chile, larga y angosta faja de tierra tatuada en mi
De mi región de Ñuble querida, de mis papayas de Cobquecura que ahora crecen en Placilla de Peñuelas, de mi iglesia de piedra que me espera cuando este muerto y vuelva volando por las tinieblas del norte hacia el sur
Me voy hacia el norte, pero nunca dejaré el sur del mundo, como una protuberancia invisible pegada a Chile, me quedo enredado en tu ríos como en el efecto de entrelazamiento cuántico a distancia que propuso Albert Einstein.
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